miércoles, 23 de abril de 2008

Plop! Y la volví a ver...


Iba yo, caminando descuidadamente por un transitado núcleo de nuestra ciudad, despreocupado de la gente que iba y venía rápidamente, hablando fuerte. Empujándose a veces. Yo traía las maos en los bolsillos, como sabiendo que estaba gastando tiempo innecesariamente, mirando sin observar, solo preocupado de no tropezar... ¿Has sentido que a veces tu inconsciente obversa mientras tu no, como para advertirte de cosas o sencillamente como guardián? Bueno. Yo sí. Porque de pronto busqué entre la gente a alguien que me llamó la atención, de las 100 personas ocupando mi campo visual, alguien en particular llamó mi atención. Era ella. Ella, sentada ahí, como si nada, sin verme. Seguro que para su incosciente no significo nada. Y pasé, pasé como si no me improtara que estuviera a pocos metro. Pasé y el corazón se fuel a mil... y el cerebreo también, pensando en lo que le diría si se acercara a hablarme. Lo que le diría para no sonar indiferentemente feliz y maduro, pero a la vez que entendiera, entre líneas, que estaba muriendo por no estar cerca de ella. Armando el puzzle de palabras perfectas, ecogidas con pinzas, sugerentes. Y no. No me vio, no se acercó, no fue necesario emplear esa batería de frases para el bronce que tanto trabajo me dieron en tan poco segundos. Y quise pasar de nuevo por ahí, pero me arrepentí, por miedo a notarme patético. Y se me secó la boca, y me dolió el estómago. Así que encendí un cigarro y salí de ahí.

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