
Mis amigos estaban muy entusiasmados, pronto les tocaría ganar, pero yo tenía la corazonada de que no me iría bien. Yo ya estaba en el núcleo y por eso era merecedor de ganar, ese día, los ochoscientos mil pesos. Había comprado cosas para comer y estaba un poco ansioso de que llegara la gente. Durante el día se habian corrido dos invitados... lo que no era muy buena señal. Per con dignidad, estaba dispuesto a tomar lo que me correspondiera y salirme por fin del juego. Tenía que comunicarlo a mis amigos.
- Aló.
- Aló, Carolina, hola. Habla AM (Anonymous maximus, por cierto, para efectos del blog) Marco se corrió. Arrugó. Y estaba tratando de invitar a un colega, pero el wn me dijo que no. Así que tendremos que ver qué pasa una vez allá.
- Chuta. ¿Y que vamos a hacer? ¿Vamos a perder la plata?
Y como a esas alturas ya estaba hecho un entendedor del tema, le expliqué en perfecto celuliano:
- Mira, si la parte de los demás se completa yo recupero 400, te paso tus lucas, le devuelvo a Cristian su parte y yo recupero también. Y con el resto hacemos un tonto carrete. ¿Te parece?
- Pucha, ojalá resulte, pero si no, me tranquiliza no perder mi plata.
- ¿Tu llamay a Cristian pa prepararlo?
- Ok.
- Ya, nos vemos en la tarde, y que sea lo que Dios quiera.
No debimos haber metido a Dios... capaz que haya estado jugando su propia Célula y le salga mucho más fácil conseguir gente. Ja. Y mal que mal: es Dios.
Y en la reunión nos dimos cuenta que había quedado la escoba, nuestra célula era la más cancerígena. Célula muerta. Y la única solución era rearmarla, y para mi sorpresa: ¡¡La gente quería seguir jugando!! ¡¡Mis amigos querían seguir jugando!! Y sin mayor conocimientos de biología vi una fagocitosis ante mis propios ojos. La parte más buena de la célula se comió a la parte mala, y de pronto la vida: ya estaba en el núcleo, y los demás eran las mitocondrias y "cosas" (no me acuerdo el nombre) de Golgi... de manera que la mitad me pagó. No me fui pelado. Pero sí conciente de que mis lucas eran la pérdida de alguien en algún momento.
Y yo estaba A-LI-VIA-DO. Nunca en la vida me había sentido tan bien de haberme salido de algo. De haber perdido la oportunidad de ganar. Estaba muy contento de haberme salido de esa locura, y es que me faltan letras de este teclado para graficar las conductas sicóticas que vi en los demás, la desesperación por no defraudar a sus conocidos, y el cambio de mentalidad que el dinero logra en los demás.
Para nunca más. ¿Será que estoy solo con esta reflexión?
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