
Una tarde, bajó el caluroso sol penquista, se tramaba un episodio digno de entrar a la historia. Una mente maquiavélica encontraba un alma incauta, con el perfil débil adecuado para ser un recluta más:
- Oye... ¿querí entrar a un juego que se llama la Celula?
- ¿La qué?
- La célula... pones cien lucas y al cuarto dia recibes 800.
- No. Eso no puede ser, me tinca a estafa. Te apuesto que la weá es como la de los quesitos.
- No, na que ver. Es un juego de la solidaridad. Nadie pierde.
- ¿Cómo nadie va a perder? Imposible.
- Te digo que nadie pierde. Yo te invito a una reunión para que te expliquen, y preguntes si tienes dudas. Si te tinca, tenes que poner cien lucas, y como nuestra célula paga todos los días, al cuarto te toca a tí. Ayer le tocó ganar al José Luis.
No tenia idea quién era José Luis, pero ya me parecía familiar. No era posible lo que estaba oyendo. En ese momento la víctima no era yo. Yo era el que escuchaba esa conversación. Desconfiado, pero curioso. La idea de octuplicar un monto era fascinante. Hasta que las miradas se fijaron en mí.
- ¿Y a tí? ¿Te tinca? Anda también a mirar, hoy día le toca ganar a la Rosa, la prima de Daniel.
Cero idea de quién me estaban hablando. Pero habían ganado. Yo estaba desconfiado, no podía ser tan fácil. Pero la otra persona ya había aceptado. Yo me mantuve tras la línea el primer día.
1 comentario:
que bien anonymus
gran idea tu blog, q practico. Casi copiable.
saludos y ojala que pronto se acabe esta tontera individualista y ambiciosa de la celula.
saludos
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